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Apoyo social y estrés.

¿Cuántas veces hemos ido a trabajar con más o menos ganas según nos llevemos con los compañeros? El apoyo social y las relaciones, así como el clima laboral, han sido objeto de atención y estudio como una de las variables más importantes desde los años 70.

Existen numerosos estudios respecto a este tema y las principales conclusiones llevan a inferir que el apoyo social juega un  importante papel en la salud, ajuste personal, estilos de coping (afrontamiento) de los problemas y bienestar psicológico. Es un factor que media en los efectos del estrés sobre la salud disminuyendo la probabilidad de contraer enfermedades y acelerando la recuperación en caso de sufrirlas.

De todos es conocida la pirámide de Maslow y la necesidad de afiliación es de suma importancia en nuestra sociedad, todos buscamos un sentimiento de pertenencia a un grupo de alguna manera. Pero lo que está claro según Schaefer y su equipo (1981) en su obra “Social support, social networks and psychological functioning. Journal of Behabioral Medicine”, es que es necesario un apoyo percibido, no tanto por el hecho de pertenecer a una red social, ya que en este tipo de relación puede haber consecuencias negativas derivadas de las demandas, limitaciones o desacuerdos inherentes a los grupos sociales. A fin de cuentas, no es lo relacionado que esté con el resto, sino la calidad que yo siento y percibo dentro de mi red social.

Estas ideas son fundamentales en la intervención dentro de las empresas, en un momento en que los términos “capital humano”, “gestión y retención del talento” son el pan nuestro de cada día. En muchos casos, la fuga de ese talento se puede dar por una falta de afiliciación con la empresa (ya sea por una disonancia entre los valores personales y el modo de trabajar de esta, por problemas de comunicación o clima laboral) o por una falta de éxito percibido en la búsqueda de apoyo social. Que las personas no se sientan valoradas y escuchadas, en definitiva.

El sentimiento de soledad es cada vez mayor en un sociedad cambiante como la nuestra y se están empezando a estudiar las nuevas relaciones (por ejemplo, el campo de la Netnografía). Nuestra sociedad está cambiando, las relaciones personales ya son muy diferentes y eso también se nota en las empresas.

Saliéndome del ambiente empresarial, con los grupos y páginas pensadas para ayudar a personas con problemas determinados, se ven las bondades de las redes en apoyo social. Antonio López Peláez, en su libro “Técnicas de diagnóstico, evaluación e intervención social” habla de PatientsLikeMe como ejemplo de red de apoyo social. Es una plataforma donde las personas se sienten informadas con datos importantes y contrastados, pero a su vez, se sienten acompañadas y comprendidas en sus emociones.

¿Podría ser este tipo de plataformas una solución al sentimiento de soledad de muchos trabajadores y trabajadoras? No sólo dentro de la misma empresa, sino en los mismos puestos de diferentes empresas, podrían encontrar el entendimiento que en muchos casos es necesario para el día a día.

Así, no podemos olvidar que lo que potencia una empresa son sus trabajadores y las sinergias que estos crean. No podemos separar lo empresarial de lo personal y lo social y debemos adaptarnos a una nueva realidad con sus cambio relacionales.

Las nuevas prácticas como el teletrabajo, las reuniones por videoconferencia y las colaboraciones interpersonales son nuevas herramientas que bien manejadas ayudan a la conciliación y el desarrollo de la empresa, pero las relaciones sociales, su naturaleza y su desarrollo, son ahora muy diferentes.

Es el momento de reforzar el apoyo social percibido cuando el equipo ya no se reúne en el mismo lugar físico, pudiendo ser esta situación motivo de mayor desarraigo y empobrecimiento de la comunicación.

Valores y empresa

En muchas ocasiones, cuando he impartido formación, me han comentado las personas asistentes que estaban quemadas por la diferencia desde lo que la empresa dice que hace a lo que hacen de verdad.

No es difícil ver a personas jóvenes, que han acabado la carrera y aún no tienen mucha experiencia laboral, con ganas de cambiar el mundo y “hacer las cosas como se deben hacer”. O simplemente, recuerda tus inicios. Pero poco a poco, las obligaciones y la mecánica de las empresas, van matando esa chispa. Y es una pena.

En noviembre de 2017 me llamaron para dar una ponencia en la comarca de Gúdar-Javalambre sobre “Creación de valores en las empresas del medio rural”. Y hablé de esto.

Por supuesto, una empresa debe ser rentable en términos económicos. Ahora desde la Unión Europea, se potencia que sea sostenible, con el H2020. Pero tras la fiebre de la calidad, la misión y la visión de las empresas, las personas trabajadoras no han visto un cambio sustancial en dicha visión (en burocracia, sí). La calidad no sólo es para procesos, la base de la calidad está en los valores que hay detrás de los procesos.

Decía Maquiavelo que “el fin justifica los medios”, nada más lejos de la realidad. Para mi, los medios son el fin. La misión no tiene sentido si los procedimientos prescinden de los valores que sustentan una empresa.

No olvidemos que cualquier organización tiene la capacidad de cambiar e intervenir en la sociedad, y las personas que conforman estas organizaciones son parte de esa sociedad.

Así, elaborar procesos participativos, impregnar los procedimientos de buenas prácticas y apoyar la coherencia entre acciones y valores, reduce la disonancia cognitiva de los trabajadores y disminuyendo el malestar y el estrés, con lo que conlleva.